LA CONTABILIDAD DEL TIEMPO Y LA ECONOMIA DE LOS CUIDADOS

LA CONTABILIDAD DEL TIEMPO Y LA ECONOMIA DE LOS CUIDADOS

Juan y Ana son dos profesores interinos en una universidad pública. Se conocieron durante la carrera y se casaron en régimen de gananciales en cuanto tuvieron empleo. Sus vidas están equilibradas y no hay nubes en el horizonte. Deciden tener hijos.

A los ocho años su situación ha cambiado mucho. Tienen dos hijos. Viven en otra ciudad donde Juan consiguió su plaza de catedrático. Ana sigue siendo profesora interina en la misma universidad donde ahora tiene plaza Juan. Viven mejor porque ahora los ingresos de Juan triplican a los de Ana entre el salario de catedrático y su participación en varios proyectos de investigación y su docencia ocasional en otra universidad privada. Ese progreso de Juan ha sido fruto del acuerdo entre ambos para aprovechar las oportunidades que surgían pero a costa de que Ana ha asumido casi toda la carga de cuidados de sus hijos y de su marido.

A los dos años la pareja se rompe y el juez asigna a Juan la obligación de contribuir a la manutención de los hijos mientras sean menores. Con ello Juan mantiene su nivel de vida pero el de Ana sufre un significativo descenso pues ha perdido la oportunidad de desarrollarse profesionalmente y sigue con ingresos muy bajos e inestabilidad laboral.

Si hubiera sabido que esto acabaría así, ¿se hubiera casado Ana?. ¿Se habría decidido a tener hijos? ¿Hubiera aceptado trasladarse a otra ciudad lejos de su entorno familiar y social?

Este modelo de relación económica ha dejado de ser viable. La lucha feminista ha ido consiguiendo logros legislativos importantes (permisos de paternidad, equiparación de derechos laborales…) pero insuficientes. Las dinámicas sociales siguen sujetas a inercias muy fuertes debidas a las expectativas de roles sobre el hombre y sobre la mujer. Aunque estas expectativas afectan probablemente por igual a ambos, el resultado para la mujer en términos económicos y sociales son devastadores. Es cierto que el marco legal actual y la concienciación social permite a ciertas mujeres autoafirmarse y ejercer una vida plena si bien incluso en estos casos a costa de una sobrecarga de estrés importante. Desgraciadamente la mayoría de las mujeres no tienen suficiente apoyo en su entorno para ejercer esa autoafirmación,

Un falso debate

Sobre esta problemática muy real se desarrolla un debate social y político falso en mi opinión. La falta de fórmulas viables para resolverlo, aboca a las personas y las organizaciones a posicionarse en los extremos de una cuerda irrompible. El creciente clamor feminista se enfrenta a una tenaz resistencia desde posturas conservadoras: cada demanda feminista choca con todas las inercias. En ese debate se mezclan todos los temas haciendo imposible el avance: patriarcado, lenguaje inclusivo, derecho al aborto, brecha salarial por una parte; la familia, la moral, el derecho a la vida, la base biológica de los roles, la meritocracia, la sostenibilidad financiera… de la otra. Y además, en este como en otros terrenos, se espera infructuosamente que las soluciones vengan a través de la política cuyo debate está igualmente enquistado en la mayoría de los temas por la incapacidad de los políticos de ponerse a trabajar juntos.

Al escribir este artículo, me he visto confrontado con la dificultad de evitar herir sensibilidades y evitar además ser inmediatamente clasificado, etiquetado y, por tanto, descartado. Tengo un verdadero interés en proponer soluciones que sirvan como herramientas para desbloquear el debate y crear soluciones consensuadas que permitan desarrollar libremente cualquier tipo de familia al gusto de cualquier posición ideológica.

Como demuestran muchas mujeres cada día, se puede ser feminista sin por ello asumir todas las etiquetas que habitualmente acompañan al feminismo. Y se puede ser liberal, afirmando a la vez la necesidad de arreglar los problemas que tan gravemente aquejan a las mujeres. Invito al lector a despojarse temporalmente de cualquier trinchera ideológica y explorar conmigo los datos y la viabilidad de las posibles soluciones.

El debate es falso porque las posturas están ancladas en algunos puntos percibidos como importantes pero que son más resultado del enfrentamiento que de la lógica racional.

Por ejemplo desde el feminismo se insiste en la crítica histórica del patriarcado como causa de todas las desigualdades. Pero criticar el sistema patriarcal actual como inadecuado a las necesidades de hoy y como causa de todas las inercias que impiden el cambio, no requiere estrictamente criticar el pasado. Hacerlo implica asumir una responsabilidad histórica de los hombres con la que no es fácil estar de acuerdo desde la perspectiva de los hombres. En primer lugar porque en la transmisión del sistema patriarcal el rol de las mujeres ha sido igual si no mayor al de los hombres o al menos se podría argüir eso. Juzgar la historia con criterios de hoy me parece siempre una mala idea. Prefiero pensar que la humanidad se ha adaptado en cada época histórica a las circunstancias del momento. Sea cual sea la respuesta correcta, la discusión histórica no hace sino enconar las posturas y dificultar la busqueda de soluciones.

Desde el bando conservador se sospecha de cualquier avance feminista por que pone en peligro valores fundamentales como la familia, el cuidado emocional de los hijos y se rechaza cualquier solución que implique incrementar el gasto social en dependencia, en cuidados… alegando la imposibilidad de financiarlos. Este último argumento afecta también a los partidos de izquierda moderada que han asumido en la práctica la necesidad de limitar los déficits y la deuda pública.  Pero, como veremos más adelante, no es posible desde una ortodoxia capitalista sincera negar la validez del diagnóstico feminista que explicaré a continuación.

Un acertado diagnóstico feminista

No es de extrañar que los mejores análisis sobre la economía de los cuidados provengan de personas o instituciones alineados con los movimientos feministas. Evidentemente, dado que la carga de los cuidados recae de manera abrumadoramente mayoritaria sobre las mujeres, ahí han comenzado las tensiones sociales, ahí se han enfocado los movimientos feministas y ahí se han enfocado los estudios académicos sobre el tema. 

La obra fundamental que he encontrado es un extenso estudio llamado “The economics of women, men and work”, escrito por Francine D. Blau y Anne E. Winkler . Tiene un enfoque riguroso y toca todos los aspectos del problema.
Los datos que analiza son sobre todo relacionados con los EE. UU. lo que impide usarlo como base concreta en la formulación cuantitativa de políticas en otras partes del mundo, pero su metodología es impecable y puede servir como guía para quien quiera construir tablas de datos sobre cualquier otro país o región. 

Para quien le baste un resumen ordenado del problema, he encontrado una página web de la plataforma “Muevete por la igualdad. Es de justicia.”  con un estudio que me parece muy práctico para hacerse una idea rápida de todos los aspectos de este asunto. 
El diagnóstico feminista es el siguiente, en resumen:
Del total del esfuerzo humano requerido para producir los bienes y servicios que se demandan, una parte importantísima y esencial en la cadena de suministro está compuesta por trabajos de cuidados que no se miden, no se monetizan, no se reconocen y no se retribuyen. De forma abrumadoramente mayoritaria estos trabajos son realizados por mujeres lo que las coloca bien en una situación de desventaja y de dependencia económica o bien en una sobrecarga de estrés y trabajo y frecuentemente en ambas. El sistema capitalista según este diagnóstico estaría construido sobre una falacia pues no está retribuyendo sino a una parte de los factores de producción. La imagen que se utiliza para visibilizar el problema es la de un iceberg, cuya parte visible sería la economía visible y la parte invisible sería todo el entramado de cuidados que sostienen la parte de arriba. 

De manera intuitiva es obligado aceptar que esto representa adecuadamente una realidad incontestable, aunque se pueda debatir el tamaño de ese macro sector invisible de la economía según la metodología que se utilice. 

En el estudio citado (The economics….) , hay una discusión interesante sobre los problemas metodológicos para evaluar el valor en términos de PIB de este sector. Si sólo se valorara al coste mínimo de los trabajos del hogar tal como podría realizarlos un empleado doméstico, el valor del PIB en USA se incrementaría un 25%. Si se incluyen también los trabajos relacionados con el cuidado emocional, la supervisión y todos los trabajos que no podrían delegarse en un empleado doméstico, el porcentaje del PIB alcanzaría un 40%. Yo añadiría que si en vez de valorarse al coste minimo de un empleado doméstico se valorara por el coste de oportunidad que supondría la dedicación del cónyuge con más ingresos a esos trabajos, el porcentaje total se elevaría significativamente. Y si miramos a otros países, especialmente los menos desarrollados, los porcentajes se elevarían aún más. 

Parecidas dificultades metodológicas se podrían encontrar a la hora de la distribución por géneros de esa cantidad de trabajo. Intuitivamente se puede ver que esa distribución variará mucho en función de la geografía, la clase social, las costumbres… Sin embargo, nadie discute que el porcentaje está masivamente sesgado hacia la mujer. Un 80% no me parece nada exagerado. 

Los cuidados incluyen no solo el cuidado de niños, ancianos y enfermos, sino también el cuidado de todos los individuos productivos. La temática abarca la limpieza y el orden, el aprovisionamiento, la preparación de la comida, el transporte, el soporte escolar, la organización y administración, la supervisión… y muy significativamente los cuidados emocionales cuya importancia no solo hay que medirla en términos de felicidad y bienestar sino también por su papel en el sostén de los trabajos llamados productivos en términos monetarios. 

El problema solo se ve paliado por el progresivo reequilibrio de la división sexual de este trabajo, pero ello a costa de que se sigan realizando de manera gratuita, sin retribución. Y muchas veces, esos ajustes se hacen a base de renunciar a tener hijos o a cuidar a los enfermos o los mayores. Renunciar a esto puede ser una opción individualmente válida para muchas personas, pero muy dolorosa para otras. Y sin duda tiene un enorme coste demográfico y por tanto de viabilidad de los sistemas de protección social. 

Algunas graves disfunciones del sistema actual. 

Como he dicho más arriba, no creo conveniente centrarnos en el análisis histórico sino en las inercias existentes y en buscar formulas para que desaparezcan o tal vez aprovecharlas para provocar el cambio.

 

En primer lugar, sigue existiendo una fuerte inercia (aunque menor que en el pasado) para que sea la mujer la que voluntaria u obligadamente asuma los roles de cuidados. Eso tiene las siguientes graves consecuencias para ella: 

  • Sufre su desarrollo profesional y su empleabilidad 
  • La coloca durante toda su vida en inferioridad de ingresos y de derechos en
    relación con su pareja y las medidas paliativas en caso de divorcio son
    claramente insuficientes. 
  • Le exige un plus de carga de trabajo y de estrés y la somete a una conflictividad
    derivada de ello. 
  • Todos estos factores debilitan su libertad de elección en la vida en general y de
    forma muy grave en entornos de violencia (familiar, de género o doméstica). 
  • Daña gravemente sus derechos de pensiones y de herencia en situación de
    viudedad. Hablaré más extensamente de esto más adelante al explicar las soluciones posibles. 
  • Las expectativas siguen penalizando al hombre que opta por un modelo menos “machista” en su comportamiento a la hora de buscar pareja o de ser valorado socialmente y en el entorno familiar y social. 

En el lado del hombre, todo intento de equilibrar esta situación está fuertemente desincentivada porque sus intentos de compartir los cuidados afectan también negativamente a su propia empleabilidad y a su propio desarrollo profesional, además de la inercia a seguir disfrutando de una situación que le privilegia. Inercia propia por pereza o egoísmo, pero también inercia estimulada por que muchos empleadores siguen negándose a admitir en la práctica las bajas y el absentismo ocasional que los cuidados originan. 

Es curioso observar que, en la actual situación de confinamiento, gracias al teletrabajo, se han resuelto de manera temporal y parcial alguna de estas disfunciones. 

En otra área, la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral no ha supuesto necesariamente un incremento del nivel de ingresos familiares sino una redistribución que a pesar de ser justa, ha hecho menos viable la opción de mantener familias monoparentales. A mi me parece legítima la reivindicación de que no se pueden permitir mejoras en la productividad de las empresas que se hagan a costa del deterioro de la viabilidad económica de la sociedad. Pero tampoco es admisible negarse al progreso técnico y social y pretender simplemente evitar que esas mejoras se produzcan. La robotización, el teletrabajo, el internet de las cosas… no se pueden parar: simplemente hay que asegurar que el progreso sirve para mejorar la vida no para deteriorarla. 

Premisas para una solución 

Para avanzar en la búsqueda de una solución sin dejarse atrapar por los falsos debates, es importante aceptar algunas premisas iniciales que la mayoría pueda aceptar independientemente de la posición ideológica de partida. 

  1. Aceptación del hecho de que la situación actual es insostenible y que no se puede perpetuar un sistema que penaliza tan gravemente a quienes (mujeres, pero también crecientemente hombres) optan por dedicar su esfuerzo gratuitamente a los cuidados. Negar eso es inviable y no solo desde una perspectiva moral o de justicia. El propio sistema capitalista requiere que todos los factores de producción sean retribuidos para ser sostenibles. El capitalismo no tuvo más remedio que aceptar la abolición de la esclavitud por razones morales para descubrir que abolirla era también económicamente más beneficioso. Esta analogía con el sistema esclavista no es una exageración. La imagen del dueño de esclavos que hoy tenemos no coincidía necesariamente con la realidad en todos los casos. Probablemente muchos dueños de esclavos veían justo proteger, educar y alimentar a sus esclavos a cambio de su trabajo considerándolos como miembros de la familia. Esto se perpetuó total o parcialmente casi hasta nuestros días en el caso del servicio doméstico.
  2. Alcance integral: una solución que no aspire a los objetivos máximos será vista por el feminismo como un intento de desactivar su lucha y no será aceptada. Se esté de acuerdo o no, es comprensible la resistencia de la víctima a cualquier solución que pueda ser sospechosa de ser un mero ajuste para perpetuar una injusticia patente. 
  1. Implementación progresiva y voluntaria: Se trata de crear un nuevo marco
    normativo que facilite las decisiones individuales incentivando los comportamientos que equilibren naturalmente los desequilibrios existentes, pero sin derogar las prácticas actuales, de modo que sea la sociedad la que vaya adoptando los nuevos modos sin resistencias y con tanta velocidad como la propia sociedad vaya demandando.
  2. Viabilidad financiera: Independientemente de la orientación ideológica, todas las fuerzas políticas mayoritarias en el mundo aceptan de hecho el mercado como regulador de las relaciones y la sostenibilidad financiera (limitando los déficits y la inflación). Lo que si es posible es actuar sobre lo que se contabiliza y cómo se contabiliza y sobre las relaciones contractuales entre los participantes en ese mercado.
  3. Aceptar un cierto papel del estado en la facilitación de las soluciones mediante la creación del nuevo marco normativo, la incentivación fiscal de la implementación de las soluciones por individuos, empresas y administraciones y la difusión y educación sobre la conveniencia de promover el cambio. 

La necesaria monetización de los cuidados

Es innegable que hace ya mucho tiempo que la sociedad ha aceptado la necesidad de recompensar económicamente los cuidados. La incorporación progresiva de los cuidados en los sistemas de bienestar social lo demuestra: residencias de ancianos, guarderías, centros de dia, leyes de apoyo a la dependencia… Desgraciadamente, incluso en los países más desarrollados donde la carga impositiva ha permitido financiar parcialmente estas iniciativas, la tensión financiera sobre el estado del bienestar no hace más que agravarse cada día a medida que la globalización elimina barreras comerciales y cancela el privilegio de que disfrutaban las clases medias de los países desarrollados. En los últimos decenios se ha consolidado una transferencia de riqueza de los países desarrollados hacia el resto del mundo, reduciendo los niveles de pobreza extrema pero fragilizando el bienestar de las clases medias del mundo más desarrollado.

Pero ¿es que acaso, los cuidados han sido por ello desatendidos? Evidentemente no. Los niños siguen siendo alimentados, educados y cuidados. Las personas mayores y los enfermos siguen siendo atendidos, los trabajadores siguen siendo emocionalmente cuidados, los hogares siguen siendo mantenidos y las economías domésticas siguen siendo planificadas y organizadas. Es decir, la parte oculta del iceberg sigue existiendo y sigue garantizando que esos cuidados no cesen.

Evidentemente muchos de esos cuidados y otros trabajos poco deseables se subcontratan frecuentemente a inmigrantes varones que vienen solos y desplazan ese deficit de cuidados a sus países de origen exportando el problema que sigue siéndolo si medimos la economía globalmente.

Claro que, en el caso de los cuidados realizados por mujeres en el marco de una estructura familiar, se puede argüir que, gracias al régimen económico de gananciales, todo lo que produce el principal generador de ingresos, es también propiedad del miembro de la pareja que se dedica total o parcialmente a los cuidados. Esa es la justificación básica del sistema actual. 

Pero este régimen económico pudo tener su justificación en un mundo donde los matrimonios duraban toda la vida y el reproche social a la ruptura del matrimonio era extraordinariamente intenso. También en ese mundo, la viabilidad económica de la familia estaba mucho más que ahora basada en las rentas del capital o en la explotación de la tierra o de un negocio, cosas que se podían poseer y repartir. 

Pero esas dos características hoy han desaparecido: 

  • Los matrimonios acaban frecuentemente en divorcio 
  • La economía familiar proviene en primer lugar de salarios. La preparación y el
    progreso profesional no se pueden repartir en caso de divorcio. 

Más arriba he hecho referencia a las disfunciones que produce este sistema y la evidente situación de desventaja de la mujer en este entorno. Y por eso mis propuestas de solución se basan en una herramienta fundamental: 

La contabilidad del tiempo. 

La idea de los bancos de tiempo existe desde hace mucho (siglo XIX) y nacieron en el marco ideológico de anarquismo y de los modelos cooperativistas de organización social. Son una manera interesante de intercambiar servicios de cuidados sin tener que recurrir al pago en dinero que es siempre deficitario. Se trata de una especie de economía de trueque enfocada a los cuidados de modo que las personas que proveen lo servicios acumulan en sus cuentas de tiempo unidades de tiempo (horas, días…) que luego pueden utilizar para recibir servicios de otras personas para si o para sus familiares.
Estos bancos han proliferado muchísimo por todo el mundo, pero no son conocidos más allá de sus propios usuarios y cooperativistas.

Pero la unidad de tiempo como medio de compensar trabajos o servicios también se usa frecuentemente en el mundo empresarial. Se cobran horas de trabajo en forma de vacaciones y tiempo libre. Se acuerdan mecanismos flexibles para madres en periodo de lactancia compensadas con horas extraordinarias… El mismo concepto de vacaciones no deja de ser una compensación en forma de tiempo libre por un trabajo realizado anteriormente.

Así pues, la idea de contabilizar el tiempo no es nueva. Y en mi opinión tiene un grandísimo potencial, no solo para compensar adecuadamente el desequilibrio producido por la entrega gratuita de trabajos de cuidados sino para dinamizar muchísimas energías sociales latentes que hoy no se aprovechan suficientemente. Me refiero al enorme mundo del voluntariado, las ONG’s y los esquemas de servicio social obligatorio que existen en muchos países como parte de la formación de los jóvenes.
Basándome en el concepto de contabilidad del tiempo explicaré ahora mis propuestas en tres niveles.

  • El individual y familiar 
  • El colectivo o asociativo 
  • El de las administraciones públicas. 

El nivel individual y familiar: la Sociedad Conyugal

La propuesta es mantener tal como está el régimen matrimonial de separación de bienes cuando así lo elijan las parejas, pero sustituir progresivamente el actual régimen de gananciales por el régimen de Sociedad Conyugal que ahora voy a pasar a describir.

Hay que definir un nuevo tipo de persona jurídica llamado Sociedad Conyugal que se crea automáticamente en el momento en que un nuevo matrimonio elige esta forma de relacionarse económicamente. Desde el momento de su creación, ambas partes ceden todos sus derechos y obligaciones presentes y futuras a esta sociedad hasta tanto no sea disuelta ordenadamente. De hecho, lo normal sería que la sociedad conyugal se estableciera no necesariamente en el momento del matrimonio sino en el momento en que surja la necesidad de que uno de los dos dedique su tiempo a los cuidados en detrimento de su profesión, por ejemplo, al decidir tener descendencia. 

  • Contabilidad del tiempo: La característica principal de esta sociedad es que no solo contabilizará los días trabajados por cada cónyuge en el mercado laboral sino también y paralelamente los días trabajados por cualquiera de ellos dedicándose a los cuidados. 
        • Un modo de simplificar esa contabilidad, sería entender que todos los días (o partes de días) no trabajados por un cónyuge en el mercado laboral, se le contabilizarán como trabajados en los cuidados. Para ello se puede utilizar la vida laboral que ya contabiliza la Seguridad Social. Es decir, comparando las vidas laborales de ambos, todo periodo no trabajado laboralmente por uno de los dos, se le contabilizará como trabajado en cuidados de modo que el numero de días trabajados por ambos en cualquier momento será idéntico. De este modo, el saldo neto de días trabajados en cuidados a favor de uno u otro cónyuge será una deuda de tiempo que será necesario saldar antes de disolver la sociedad conyugal. 
        • Otro modo de simplificar la contabilidad del tiempo sería asumir que la diferencia de ingresos entre los dos cónyuges se compute al coste por hora del de mayor ingresos (o del de menor ingresos a una media entre ambos) como horas trabajadas en cuidados por el de menor ingresos. Esta fórmula sería tal vez más justa pues tiene en cuenta que los cuidados no tienen horario.
  • Reparto de los ingresos: La segunda característica fundamental es que cualquier ingreso monetario (trabajo, pensión capital, herencia…) de cualquiera de ambas partes, se dividirá en origen al 50% a cada uno de los miembros de esa sociedad. Se dividirá en cualquier caso el derecho, pero opcionalmente se podrá dividir a las cuentas individuales de cada uno desde las cuales cada uno aportará lo acordado para el sostenimiento de la familia. Esto es fundamental para asegurar un poder económico idéntico en todo momento a ambos miembros de la sociedad conyugal 
  • Disolución ordenada: La tercera característica de este tipo de sociedad es que no se disuelve automáticamente por causa de divorcio. El divorcio se produce, pero la sociedad sigue existiendo hasta que se cancelen las deudas mutuas existentes en forma de tiempo dedicado a los cuidados. Pongamos un ejemplo: en una pareja casada mediante sociedad conyugal el cónyuge A ha trabajado durante 15 años con un salario actual de 2000€ mientras que el cónyuge B dedicó 10 años a los cuidados y posteriormente 5 años en un empleo con un salario de 1000€. Al divorciarse, se mantiene la obligación de seguir compartiendo los ingresos al 50% durante 10 años para compensar al cónyuge que no tuvo la oportunidad de desarrollar su carrera por esos años dedicados a los cuidados. De mutuo acuerdo se podrán buscar formulas alternativas para saldar esa deuda mediante una repartición distinta del patrimonio de la sociedad o mediante la continuidad del trabajo del cuidado de los hijos o las personas mayores dependientes de la sociedad conyugal. 
  • Supervivencia: La sociedad no se disuelve automáticamente por fallecimiento de uno de los dos cónyuges. Todos los ingresos y todo el patrimonio siguen siendo propiedad de la sociedad familiar y por tanto el cónyuge superviviente no se ve obligado a compartir ninguna parte de su patrimonio con sus hijos quienes deberán esperar al fallecimiento del segundo cónyuge para que la sociedad se disuelva y ellos reciban en forma de herencia cualquier derecho o patrimonio que exista en ese momento. 
  • Pensiones: Cuando se jubile uno de los cónyuges, se calculará la pensión actuarialmente para ser pagada íntegramente mientras sobreviva uno de ambos. Esto no supondrá ningún coste extraordinario para la Seguridad Social porque la mayor duración de la obligación se verá compensada con una reducción en su importe. Se trata de calcular la pensión como una cantidad a pagar a la sociedad conyugal por tanto tiempo como sobreviva uno de los dos. El calculo de la pensión se ajustará actuarialmente de modo que la pensión será menor pero por un tiempo mayor y mantendrá su importe durante toda la vida sea cual sea el de los dos que sobreviva al otro. Lo que no es aceptable es el sistema actual que penaliza gravemente al cónyuge que, por haber dedicado toda su vida laboral o parte de ella a los cuidados, se queda en una situación mucho peor que si quien sobrevive es quien generó los ingresos monetarios. 

¿Que pretende esta propuesta?

No se pretende que este sistema sirva principalmente para mantener los desequilibrios actuales y compensarlos posteriormente en caso de divorcio o fallecimiento.

El objetivo real de la propuesta es incentivar fuertemente el que ambos cónyuges favorezcan activamente la inserción laboral del otro para evitar acumular una pesada deuda de tiempo en el futuro. Pero,  en el caso de que legítimamente decidan que uno de los dos se dedique principalmente a los cuidados, lo haga en la confianza de que el sistema protegerá integralmente esa deuda permitiéndole el colchón de tiempo suficiente para desarrollar una carrera propia. 

Hay que tener en cuenta que las expectativas de vida se han incrementado tanto que el modelo tradicional de trabajar 40 años en una empresa o sector hasta la jubilación se verá profundamente modificado. Sobre este tema hay un libro muy interesante llamado “The 100 year life” escrito por Lynda Gratton y Andrew Scott . Lo más 

probable es que una pareja alterne a lo largo de su vida periodos de trabajo por cuenta ajena, periodos de formación, periodos de cuidados, periodos de trabajo por cuenta propia… de manera que el equilibrio entre las cuentas de dinero y de tiempo se produzca de manera natural. 

Creo que el beneficio más importante de este sistema es el de crear un cauce natural que de viabilidad a los proyectos de crear una familia. Hoy día la creación de una familia se sigue sosteniendo mediante promesas no concretadas de fidelidad y mediante la buena voluntad de los cónyuges. Pero esa misma fidelidad y buena voluntad que siempre ha existido en los inicios de una convivencia, en la antigüedad se veían reforzados por el intensísimo reproche social que recibía cualquiera de los dos que no cumpliera su parte del trato. Cabría preguntarse si los preocupantes casos de violencia no son manifestaciones enfermizas derivadas de la pérdida de intensidad de ese reproche social, mientras se mantienen real o imaginariamente las expectativas sobre el hombre. 

En el sistema antiguo, el entorno familiar y social se encargaba de penalizar gravísimamente a quien no cumpliera su parte del trato. A medida que los roles se han ido desdibujando, la sociedad ha ido también en paralelo despenalizando los comportamientos divergentes y en ese escenario, la que ha salido perdiendo claramente ha sido la mujer pues todas las inercias en general y el que de momento siga encargada por la naturaleza de procrear, la han desfavorecido. 

Por todo eso me parece tan importante regular de mejor manera el trato que da origen a un proyecto familiar compartido. No cabe duda de que hay incontables ejemplos de parejas que se comprometen con las reglas del sistema antiguo y son capaces de mantener hasta el final ese proyecto en común adaptándose de manera natural a los retos que van surgiendo. Hablo por experiencia propia. Pero incluso en esos casos, no se puede negar que muy frecuentemente es la mujer la que demanda y el hombre el que cede manteniéndose gracias al entorno legal una situación que da mas poder al hombre y peores consecuencias en caso de divorcio a la mujer. Cuánto de ese cemento que une a las parejas es amor y cuánto es miedo a la inseguridad, es imposible de medir, pero es un desequilibrio que también conviene arreglar y que esta propuesta resuelve en gran medida. 

De paso, la contabilidad del tiempo y la sociedad conyugal, pueden ayudar a dar cauce a soluciones para otros problemas anexos como las herencias, el abandono tardío del hogar por los hijos, el emprendimiento conjunto, los trabajos sin recompensa monetaria inmediata….

Mi propuesta para el entorno asociativo y cooperativista 

A parte de los bancos de tiempo a que he hecho referencia antes, hay muchísimos proyectos de organización social alternativa que tratan de dar respuesta a distintas necesidades de apoyo mutuo. Quiero agradecer aquí a mi querida amiga Enara Iruretagoiena quien, desde una perspectiva muy distinta a la mía, me ha ayudado a “neutralizar” lo más posible este artículo. 

La contabilidad del tiempo, además de proveer una herramienta para todo tipo de iniciativas cooperativistas, puede convertirse en un enorme dinamizador del amplísimo mundo del voluntariado. Creo que no se valora suficientemente el papel que el reconocimiento juega en la motivación de las personas. Y tampoco en ese mundo es justo que no tenga reconocimiento el tiempo dedicado a trabajo voluntario. Implementar un sistema público de registro del tiempo trabajado en voluntariado ayudaría a: 

  • Justificar los curricula individuales de los voluntarios como experiencia profesional real de cara a la búsqueda de trabajos retribuidos.
  • Justificar la actividad de las ONG para solicitar subvenciones o
    campañas de recogida de fondos.
  • Permitir a las empresas con políticas de responsabilidad corporativa,
    medir el tamaño de la contribución de sus empleados a la sociedad y por tanto estimular a los dirigentes de esas sociedades a permitir y facilitar ese trabajo voluntario. 

Mi propuesta en el entorno de las administraciones públicas 

Son muchos los países que tienen incorporado en su sistema educativo la obligatoriedad de un periodo de trabajo voluntario. De hecho la mayor parte de los países han tenido en el pasado sistemas de servicio militar obligatorio que se justificaba por la necesidad de contribuir a la defensa de la sociedad. Se esté de acuerdo o no con el servicio militar obligatorio, muchos piensan que era una buena manera de encuadrar a los jóvenes en un proceso que les ayudaba a “madurar”. No soy particularmente partidario de dar una formación militar a los jóvenes, pero estoy seguro de que el estado, las comunidades autónomas y los municipios, encontrarían grandes bolsas de trabajo voluntario que directamente o a través de ONG’s, podrían emplear a jóvenes en su periodo formativo o a adultos en búsqueda de empleo o a jubilados en busca de ocupación. Contabilizar todo este trabajo voluntario podría ayudar a generar derechos de prestación de cuidados para esas mismas personas cuando se encuentren en situación de vulnerabilidad o para atender las necesidades de atención a sus familiares en situaciones de dependencia a los que esas personas no puedan dedicar el tiempo suficiente.
De hecho se podría contabilizar en ese banco estatal de tiempo, los cuidados a la dependencia dados a los padres, hermanos o hijos adultos para generar derechos de tiempo. Esta contabilidad ayudaría muchísimo a financiar una atención integral a la dependencia sin necesidad de recargar excesivamente el presupuesto público.

El concepto no es absolutamente nuevo. Actualmente ya, en los cálculos para estimar la fecha de jubilación, se tiene en cuenta a la mujer el numero de hijos, los partos que haya tenido y al hombre los meses de prestación de servicio militar y otros conceptos similares.

Conclusiones

Las relaciones económicas en el seno de la familia y en general en la sociedad están gravemente desequilibradas en perjuicio directo de las mujeres pero en perjuicio real para todos. 

El enfrentamiento ideológico viene impidiendo avanzar de manera radical en la solución de estos problemas porque solo consiguen pasar el filtro soluciones necesarias pero insuficientes que en la práctica siguen dejando a la mayoría de las mujeres en situaciones precarias o sujetas a un exceso de estrés. Y en la justa reclamación de sus derechos, se exacerba la confrontación con perjuicios a veces directos también para algunos hombres que ven como pierden la presunción de inocencia, el derecho a la custodia de sus hijos…

Creo firmemente que la contabilidad del tiempo utilizada con formulas como las que propongo u otras análogas puede ayudar a desbloquear en gran medida el debate y a dar herramientas para:

– Dar viabilidad a los proyectos familiares de manera equilibrada para todos los modelos de familia.

– Utilizar todo el enorme potencial de voluntariado para canalizarlo hacia una cobertura real de las necesidades de dependencia.

– Cubrir una laguna en el proceso de formación de los jóvenes insertando en su curriculum un periodo de voluntariado que les sirva también como experiencia humana y profesional.

No tengo mucha esperanza en que los partidos políticos sirvan para canalizar estas (o ninguna otra) propuestas. Pero si pueden reaccionar a demandas sociales y por eso me parece que la mejor manera de que las ideas progresen hoy dia es publicarlas y favorecer su distribución.

Te pido a ti lector que me ayudes a divulgar en tus redes sociales y en tu entorno asociativo y de amistades estas ideas. Tal vez consigamos que se empiece a resolver de manera colaborativa este gravísimo problema que hoy parece servir principalmente de terreno de confrontación ideológico.

¿Por que en cuarentena se detiene el reparto domiciliario?

Desde México donde aun no se ha impuesto un toque de queda para esta cuarentena, pero observando la realidad española a través de mi familia allí, me cuesta comprender porque mis familiares tienen que salir cada tanto a comprar y además justificarlo para no ser multado por la policía.

En México estoy disfrutando en mi cuarentena de dos servicios extraordinarios que espero ningún funcionario calenturiento se le ocurra prohibir.

Cornershop es una app que me permite elegir cualquier supermercado o tienda de su amplio catálogo, elegir mis productos eligiendo entre las diversas tiendas, y una vez completado mi pedido, un personal shopper va a cada tienda, me hace la compra, me contacta por la app o por teléfono para resolver dudas y encontrar variantes y me lo trae a mi casa depositándolo en mi puerta para que cuando abra, le vea a el a tres metros de distancia con guantes y mascarilla y le de verbalmente mi OK. Olé!!!

Mercado Libre es otra app muy similar a Amazon pero que me pone en contacto con cualquier proveedor local de México que participe, para todo tipo de productos y servicios, permitiéndome mantener un chat y recibir exactamente lo que quiero sea un vinilo transparente o una solución de amoniaco al 2% o mascarillas industriales o un transformador eléctrico pero también todos los artículos de consumo. Me permite pagar a través de ellos y me garantizan envio gratis y devolución gratis. No puedo encontrar mejor método de desintermediación que este.

¿No estamos preocupados por la destrucción del tejido productivo?
Pues atendamos la evidente demanda de la sociedad para que la industria local pueda competir ventajosamente con las producciones de mercados más baratos a base de un servicio prestado por una legión de repartidores que rescataremos del paro.

Ahi va eso

SOBRE LA INFORMATICA, LA EDUCACIÓN Y LA TOMA DE DECISIONES.

La historia de la evolución de la tecnología en las últimas décadas nos ha mostrado un movimiento de tipo pendular. Ha  habido momentos donde la capacidad de almacenamiento de datos localmente era fundamental porque la velocidad de transmisión de esos datos era escasa y de la misma manera, en otros momentos, al aumentar la velocidad de transmisión de los datos dejo de tener valor su almacenamiento local y han predominado los sistemas a distancia.

La verdad es que no se sabe cuál será el el fin de esta historia pendular. Hoy tendemos a creer que el conocimiento almacenado en la nube es un dato definitivo de nuestro sistema de tecnología pero quien sabe. Tal vez llegue el momento en que de nuevo el almacenamiento local sea importante.

¿Porque hablo de esto? Pues porque lo mismo ha ocurrido (si bien de una manera mas lenta) en la medida en que valoramos el conocimiento de las personas. Anteriormente se valoraba la erudición, el conocimiento de datos. Esa erudición era imprescindible para ser sabio; para poder deducir novedades de conocimiento basadas en los datos anteriores y ello porque sólo una persona con mucho conocimiento podría relacionar con rapidez datos aparentemente dispersos. Por eso la eterna lucha entre el conocimiento amplio.

Esto ha afectado de manera clarísima le evolución de los sistemas educativos y el debate entre los antiguos profesores y los nuevos es: ¿para que aprender cosas de memoria si lo más importante hoy es la búsqueda de información?. Lo que hoy se valora es la capacidad de encontrar la información adecuada de seleccionarla,  de procesarla y de producir nuevos datos con esa información .

En realidad todo lo que he dicho anteriormente está destinado a explicar el el objeto fundamental de esta reflexión que quiero compartir hoy.

Lo que yo pienso es que nos encontramos hoy (y seguramente ha ocurrido así también en en otras situaciones históricas) en en el debate entre qué es más útil para vivir: si tener los conocimientos de la experiencia o bien tener la capacidad de intuición y de búsqueda de nueva información de los jóvenes que, sin experiencia, pueden llegar tal vez más rápidamente a conclusiones acertadas.

Pues bien reflexionando esta mañana mientras tomaba el café he llegado a mi propia conclusión. Yo creo que la experiencia permite a una persona mayor llegar con mucha mayor rapidez a la mayor parte de las decisiones de la vida cotidiana basado en su propia experiencia sobre cómo se van a comportar las cosas y eso da una ventaja de rapidez y de probabilidad de acierto. Sin embargo en múltiples ocasiones ese proceso de decisión fracasa porque de una manera más rápida un joven llega a un resultado acertado basado en su capacidad de búsqueda de esa misma información en un entorno digital mucho más amplio lo que le permite simular la experiencia.  O sea, yo creo que ambos sistemas son compatibles es decir la experiencia ayudará en un porcentaje alto de las ocasiones a acertar rápidamente y evitar errores pero sin embargo cuando cometa errores serán errores de bulto por ignorar factores nuevos que han aparecido donde la experiencia es de poca utilidad.

Sin embargo muchas veces un joven buscará información para poder llegar a una decisión acertada y no lo logrará porque le falta el saber el camino recorrido que le daría un porcentaje alto de posibilidades de aceetar si utilizara la experiencia que es de alguna manera información que ya sido buscaba y encontrada repetidas veces y por eso es está más accesible y está menos expuesta al al error.

Así pues no sé cuál es el destino inmediato  de la educación y de los procesos de decisión pero yo apuesto que al menos hoy y durante un cierto tiempo la combinación de experiencia y intuición juvenil será la respuesta más adecuada a la mayor parte de los problemas y creo que es tan erróneo que los jóvenes prescindan directamente de la experiencia como el que los viejos ignoren que los jóvenes tienen acceso privilegiado a un montón de información que a ellos se les escapó. Sobretodo información sobre lo nuevo, sobre lo que cambia.

¿Seremos jóvenes y viejos reemplazados por la inteligencia artificial?

IDEAS ANTICUADAS

El patriotismo es decimononico pero el separatismo es prehistórico. Ambos se sustentan sobre un sentimiento legítimo: la nostalgia por las pertenencias culturales que, indefectiblemente el tiempo diluye. 

Desgraciadamente también se apoyan sobre dos sentimientos menos legítimos: el miedo a lo distinto y el miedo al cambio. 

Yo canto apasionado “El meu país” de Lluis Llach pero desprecio el separatismo, me emociona el himno español y la bandera y los Reyes cuando sirven para festejar y alegrarse de lo compartido pero la verdad es que mi sentimiento es muy parecido cuando observo lo mismo en Mexico, en USA o en el Líbano o en Andalucía. 

Me gustan los toros y el puro flamenco pero entiendo que la historia irá marginando poco a poco la tauromaquia y que aportaciones como la de Rosalia al flamenco son la mayor esperanza para su supervivencia y su globalización. 

Felizmente vamos hacia un mundo nuevo en el que las redes sociales han conectado a la gente sin la mediacion de los políticos y ya los jóvenes se identifican más con otras personas por su liderazgo en la música, el veganismo, el hip hop, los memes, o los sneakers (zapatillas deportivas para entendernos) y los niños conocen a todos los youtubers pero ni idea de quienes son Iñaki Gabilondo o Fernando Onega. 

Tengo 67 años y estoy ahora aprendiendo música y enamorándome de Mexico como me enamoré de joven del mundo arabe y de adulto de la tecnología. 

Adoro por encima de todas las cosas a mi mujer, mis hijos, mis nietas y por extensión a toda mi gran familia tradicional de más de 300 personas en un gigantesco árbol genealógico que he construido pero a la vez algunas de mis mejores amigas son una pareja de lesbianas, veganas, euskaldunas, feministas radicales y luminosas enamoradas de la vida. Otras amistades igual de intensas las conozco solo por Facebook y con ellas comparto esta manera de ver la vida. 

Mis deseos para todos son que cada quien defienda y proteja positivamente las ideas que quiera incluso las más anticuadas pero al hacerlo no ofendamos ni juzguemos a los que no piensan igual. Ellos tienen también muy poderosas razones. Y que podamos hacer todo esto en un entorno de libertad. Por todo esto soy liberal. 

Abolir la esclavitud femenina. Una propuesta liberal

Hay un desequilibrio fundamental entre hombres y mujeres derivado de la historia, de la biología y de otros factores que es necesario reequilibrar. La economía se sustenta en el hecho de que todos los servicios de soporte (procreación, educación, limpieza, transporte, cuidados a enfermos, atención a la dependencia…) son realizados de manera abrumadoramente mayoritaria por mujeres y ello a expensas de su propio desarrollo independiente. 

Este desequilibrio de poder (que parcialmente se compensaba en la antigüedad por el monopolio que la mujer ejercía sobre el acceso a la sexualidad) hoy genera conflicto. El desarrollo tecnológico ha hecho innecesaria la especialización de roles que en el pasado era necesaria. El feminismo ha llamado a esta especialización “patriarcado” olvidando que ha sido perpetuado igualmente por hombres que por mujeres. 

Este conflicto también está desequilibrado al estar el hombre mejor dotado educacionalmente (y biológicamente?) para la violencia. La vivencia diaria de este desequilibrio y la natural resistencia al cambio de roles provocan frecuentes enfrentamientos. Cuando esos enfrentamientos llegan a la violencia física, producen más victimas femeninas a manos de hombres del mismo modo qué hay algunas victimas infamtiles o de ancianos a manos de mujeres. 

Si bien el feminismo ha acertado en suscitar este tipo de debates y en diagnosticar el problema de la economía de los cuidados, las soluciones que propone son en general de tipo intervencionista y colectivista lo que genera rechazo y resistencia por parte sobre todo de conservadores y liberales pero también (por distintas razones) por buena parte de la izquierda. 

Desde una perspectiva liberal a mi me parece que no es posible seguir ignorando la fundamental injusticia que supone esta nueva forma de esclavitud. Y la llamo esclavitud en el correcto sentido del término. La relación amo/esclavo fue en su tiempo aceptada y deseada por ambas partes como algo natural y beneficioso. Además de inevitable. Muchos de los abusos de esa relación se produjeron sólo cuando la base económica de esa relación dejó de ser necesaria. El conflicto solo se resolvió mediante la monetarizacion de esa relación. 

Desde esta misma perspectiva liberal la solución no puede ser que el estado o el empresario o el contribuyente en general tengan que pagar los costes de esa monetarizacion. 

La solución en mi opinión tiene que ser la modificación de los actuales tipos de contrato marital: gananciales y separación de bienes. 

La formación de una familia debería hacerse mediante un contrato nuevo que obligará a repartir en origen los ingresos de los generadores de ingresos entre los miembros activos de la familia entendiendo como activos también a aquellos que soportan la economía de los cuidados. En concreto, que la mayor dedicación de un miembro de la familia (habitualmente la mujer) a esas tareas no deje en manos del generador de ingresos más poder económico y a la mujer en situación de dependencia 

La fórmula más sencilla sería que en una pareja casada en gananciales los ingresos de ambos se dividieran en origen al 50%. Es decir una nómina de 2000 y otra de 1000 se dividirían en origen de modo que cada uno recibiera 1500€. A partir de esa independencia cada uno contribuiría al sostén de la familia en partes iguales. No sería difícil de organizar y eliminaría la situación de privilegio de aquel que ve priorizará su profesión en detrimento del que prioriza los cuidados.

Esta fórmula podría resolver también el conflicto de la permanencia en el hogar de hijos mayores de edad generadores de ingresos. 

Resumiendo: 

La organización actual de las relaciones familiares está viciada por un desequilibrio fundamental que nadie parece querer resolver. La famosa brecha salarial es el mejor termómetro del problema y es injusto pedir al empresario que se responsabilice de resolver un conflicto que el no crea. 

Es imprescindible reconocer la existencia de esta forma de esclavitud y aportar soluciones novedosas basadas en el código civil (matrimonio, herencias..,) en la legislación laboral y fiscal, en el sistema financiero…etc. 

Una bonita tarea para los partidos de corte liberal progresista. 

¿Cambiar la democracia? no. Cambiar los partidos

Inútil que salgan partidos renovadores que pretendan cambiar el sistema político español.

Cuando nacen, elaboran diagnósticos acertados de los males que aquejan al sistema pero cuando quieren llevar sus ideas a la práctica, al crecer como partidos duplican las mismas estructuras partidarias de los viejos partidos. ¿Por que?

Porque se nutren de personas provenientes de otros partidos. Precisamente esas personas, las que mejor se mueven en esas estructuras son las que acaban expulsando de manera natural a los que podrían cambiar ese legado, las personas que no provienen de otros partidos.

No hay mas que ver la historia de UPyD y la evolución de Podemos e incluso de Ciudadanos. ¿Donde están los círculos de Podemos?, ¿Como se gestó el ultimo congreso de Ciudadanos?

No es una historia de buenos y de malos. Es una historia de inercias y de liturgias aprendidas.

La solución: un cambio radical en el modo de operar de los partidos que realmente quieran cambiar el sistema político.

Y el cambio tiene un componente único y básico: Erigir una muralla china entre partido y candidatos.

El partido debe ser el dueño de las ideas permanentes, el think tank que suministre material de comunicación y el máximo decisor sobre la designaciones de candidatos con libertad para apoyar incluso a candidatos de otros partidos.

El candidato y luego cargo electo debe ser dueño del programa, proponiéndolo al partido y libre de ejecutarlo con garantía de ser apoyado por el partido siempre que se mueva dentro del programa y libre de buscar otros apoyos cuando el partido no le apoye.

Debe estar prohibido presentarse como candidato desde un puesto orgánico del partido y debe estar prohibido presentarse a cargos del partido desde un puesto como cargo electo.

Solo desde esta clara división de responsabilidades será posible que avancen las ideas y se mantenga fresca la capacidad del partido para generar soluciones y orientar la política y el cambio. Y también el cargo electo tendrá más margen de actuación en su área.

Mientras este cambio no nos llegue, los partidos se asimilarán poco a poco a status quo y se parecerán cada vez mas a la vieja política que un dia pretendieron cambiar.

Hagamos viables las pensiones (IV)

Tras una pausa en mi serie sobre soluciones a los problemas del sistema de pensiones, vuelvo a la carga con la esperanza de reunir una serie de propuestas que consigan introducirse en el debate público.

En todos los artículos anteriores de esta serie hemos propuesto ideas que permitan incrementar los ingresos futuros del sistema de pensiones y/o reducir los gastos actuales de modo que el problema a corto y largo plaza pueda ser resuelto sin recurrir a gravar adicionalmente los sufridos bolsillos de los contribuyentes (individuos y empresas) y por tanto evitando ralentizar la economía con el consiguiente efecto de acabar paradójicamente reduciendo los ingresos del sistema.

Hoy explicaré otra propuesta de reducción de gastos.

Utilizar recursos ociosos del estado para pagar parte de las pensiones en especie.

El estado dispone de tres tipos de activos ociosos o potencialmente ociosos que puede utilizar para ofrecer servicios a pensionistas (especialmente a los no contributivos pero también a los otros) sin necesidad de incrementar los presupuestos y reduciendo con ello la cantidad de dinero efectivo que hoy hay que pagar a esos mismos colectivos para que adquieran esos servicios.

  • Edificios de propiedad pública que o bien están actualmente no utilizados o infrautilizados e incluso edificios que están siendo utilizados por entidades públicas cuya necesidad está insuficientemente justificada y que no se clausuran porque el hacerlo no implicaría ahorros al estar consolidados sus presupuestos.
  • Funcionarios o personal contratado por el mismo tipo de entidades públicas insuficientemente justificadas que podrían ser reubicados en función de sus preferencias y asignados directamente a servicios sociales o bien a otros organismos públicos para sustituir a funcionarios que si desearan ser asignados a esos servicios sociales.
  • Mobiliario, maquinaria, vehículos, equipos informáticos que podrían servir a la configuración de esos servicios sociales o servicios auxiliares a ellos.

A modo de ejemplo de todo lo anterior presentaré un ejemplo especialmente llamativo. En una ocasión tuve que revisar las entidades públicas de la Junta de Andalucía y el personal asignado a ellas. El estudio lo realicé en 2016. Pues bien para mi sorpresa encontré que seguía existiendo una entidad pública dependiente de la Junta de Andalucía encargada de gestionar la Expo Universal de Sevilla de 1992. Este ente público contaba en ese momento con 63 funcionarios!!! ¿Alguien puede explicar que hacen cada día 63 personas gestionando una Expo Universal que cerró sus puertas hace 25 años?

Es posible que las oficinas donde trabajan esos funcionarios no sean directamente útiles para prestar servicios sociales y también es probable que esos funcionarios no tengan las capacidades para dedicarse a cuidado de enfermos o a gestionar viajes del Imserso o a administrar comedores públicos… pero estoy seguro que creando una bolsa de activos ociosos y un hub central de compensación se podrían encontrar múltiples oportunidades para reestructurar la organización encontrando la manera de proveer determinados servicios cuyo coste podría ser deducido de las prestaciones dinerarias directas que hoy se distribuyen.

¿Que impide hoy llevar a cabo este tipo de reestructuraciones tan habituales en el sector privado? En mi opinión la ideologización de las soluciones lleva a los partidos políticos a bloquear cualquier movimiento en este sentido utilizando la maraña de leyes, reglamentos y competencias entre las distintas administraciones. Un planteamiento transversal no partidista que protegiera los intereses de todas las partes implicadas y que generara nueva actividad económica a nivel nacional pero con participación de todas las administraciones y con involucración de la sociedad civil (ONG’s, organizaciones sociales y sector privado) tendría posibilidades de abrirse camino.

 

 

Hagamos viables las pensiones (Recapitulación antes de continuar)

Desde hace unos días vengo publicando una serie de entradas en este blog con el título «Hagamos viables las pensiones». Buena parte del primer artículo lo dediqué a justificar por qué mi opinion es relevante en este debate a pesar de mi escasa preparación teórica.

Los comentarios que me han llegado me obligan a detenerme un momento y recapitular antes de seguir proponiendo ideas que pueden ser consideradas «ocurrencias» o fórmulas mágicas por los expertos oficiales.

En la vida siempre habrá una contradicción entre la utilidad de las visiones generales y la necesidad de descender al detalle. El experto siempre nos advertirá de que «el diablo se esconde en los detalles» mientras que el visionario achacará al experto que «los árboles no le dejan ver el bosque».

En mi opinión (en mi calidad de visionario más que de experto) ni el visionario ni el experto pueden recorrer solos el camino sin el otro. De la dialéctica entre ambas perspectivas es de donde surgen las verdaderas soluciones.

Pero también en mi calidad de visionario no experto pero sí experimentado, me parece importante ponernos de acuerdo en algo. Puedo no ser un experto en llegar a Roma o puedo creer que todos los caminos llevan a Roma pero me parece que no cabe duda que desde Madrid, cualquier camino que apunte hacia el Este tendrá más posibilidades de acercarme a Roma que los que apunten hacia los demás puntos cardinales.

Con todo lo anterior quiero expresar el siguiente principio: No me hace falta saber cuantificar el impacto probable de una determinada propuesta para determinar su utilidad. Me basta con demostrar que la idea va en la dirección adecuada para presentarla. Y me basta demostrar que las soluciones propuestas hasta ahora no resuelven el problema sino que solamente lo postergan para justificar por qué sería necesario considerar soluciones distintas e incluso revolucionariamente distintas.

Lo que vengo a decir en los artículos anteriores de esta serie es:

1.- El problema de las pensiones no tiene solución mediante los mecanismos que se vienen aplicando o debatiendo desde los últimos 30 años. Yo tenía un perro que lo aprendía absolutamente todo. Se me ocurrió enseñarle a no comer y por poco lo consigue. Estaba a punto de conseguirlo pero se me murió. Esto es lo que acabará pasando con las pensiones si se sigue haciendo lo mismo.

2.- La solución tiene que venir mediante:

a) abrir un hueco lo mayor posible en el flujo de caja actual para empezar a financiar la solución a largo plazo sin dañar el presente.

b) Tomar medidas a largo plazo que cambien la naturaleza del sistema hacia un sistema no distributivo sino de capitalización

3.- Las ideas concretas expuestas hasta ahora son

a) Convertir las nuevas pensiones en seguros de ingreso mínimo

b) Aprovechar el potencial de la renta variable a largo plazo

c) Convertir las pensiones no contributivas en prestaciones en especie.

También podrían tener su aspecto positivo para las pensiones las ideas expuestas en el artículo «Soluciones liberales tras un diagnóstico feminista»

Seguiré en próximos capitulos de esta serie proponiendo ideas y animo a mis lectores a participar en el debate con comentarios o ideas propias. De momento agradezco los comentarios que me han hecho llegar por diversos medios.

Hagamos viables las pensiones (III)

3ª Idea: Convertir las pensiones no contributivas en prestaciones sociales en especie a través de ONG’s y las administraciones.

 

Uno de los aspectos más controvertidos de las llamadas «ayudas» sociales es su carácter desincentivador de la actividad económica. Según esta visión liberal, muchas personas renuncian a ejercer una actividad profesional o peor aún realizan actividades en economía sumergida para poder ser beneficiarios de este tipo de ayudas.

Por el contrario, desde una perspectiva social demócrata se arguye el ejemplo de la extrema marginación de importantes capas de la sociedad estadounidense por culpa de la ausencia de este tipo de protección social.

Yo creo que se podría intentar un modelo intermedio, en el que se impide la marginación pero no a cambio de dinero sino a cambio de proveer directamente vivienda, vestido, alimentacion, energía y transporte a todas las personas que no dispongan de rentas suficientes. La administración de estas prestaciones se podría encargar a los ayuntamientos, a las comunidades y al estado, bien directamente o bien a través de ONG’s.

Se podría regular el aspecto desincentivador de estas ayudas mediante la exigencia de prestaciones de trabajo social o mediante justificaciones sanitarias, sociales o de edad de modo que fuera poco atractivo para un adulto sano acogerse a este tipo de prestaciones y ello le incentivara a salir cuanto antes de esa situación.

La ventaja de un sistema así, sería que podría aspirar a ser universal, decidiéndose mediante las elecciones a través de los programas de los partidos la calidad y extensión de esas prestaciones así como su financiación.

Este sistema liberaría a la Seguridad Social de la obligación de detraer recursos financieros para destinarlos a financiar las pensiones contributivas.

En este sistema se podrían integrar sistemas parciales que hoy funcionan satisfactoriamente y otros que se podrían añadir. Por ejemplo, los bancos de alimentos, los centros de acogida de inmigrantes, las actividades subvencionadas de Caritas, la Cruz Roja… Los servicios sociales de los ayuntamientos y comunidades….

También se podrían aportar mecanismos para abastecer de alojamientos a base de utilizar los stocks de vivienda no utilizada. En Alemania al parecer, los ayuntamientos tienen derecho de tanteo cuando una transacción inmobiliaria se produce por debajo de precios de mercado. De este modo se desincentiva la declaración de precios de compraventa falsos y se nutren las empresas municipales de vivienda. También se podría permitir el pago de deudas fiscales, multas e impuestos con inmuebles.

En resumen, puedo perfectamente imaginar una sociedad en la que el riesgo de exclusión queda reducido a nada o al menos limitado a aquellas personas que libremente elijan no recibir ningún tipo de ayuda del estado y prefieran vivir en la marginalidad. También esta libertad merece ser respetada si es una opción libre.

 

Las «cuentas corrientes» las inventaron en La Vellés

Allá por los años cincuenta y sesenta, los habitantes de La Vellés, un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, apenas manejaban dinero. Durante el año iban anotando lo que consumían en la farmacia y a la vuelta del verano lo pagaban, o el dependiente de la farmacia iba casa por casa reclamando lo debido.

Más ingenioso era el sistema para comprar el pan. En esos pueblos de secano donde se cultivaban cereales y legumbres, se reservaba parte del trigo de la cosecha para hacer pan. Lo llevaban al molino y pagaban al molinero, y la harina obtenida se la entregaban al panadero. El trato era que tantos kilos de harina equivalían a tantos kilos de pan. Y el beneficio del panadero era el peso del agua contenida en el pan.

Ahora bien, como el pan no se puede guardar más que unas pocas semanas, no se podía comprar todo el pan de golpe al finalizar la cosecha. Por ello, el panadero preparaba un listón de madera de unos 50 centímetros y de base cuadrada, y en uno de los laterales escribía el nombre del agricultor, el total de kilos de pan que le debía —igual al total de kilos de harina que recibía—, y estampaba su sello y su firma.

A lo largo del año, cada vez que el agricultor necesitaba pan, llevaba el palo a la panadería, pedía el numero de hogazas que necesitaba y el panadero hacía unas muescas en el palo con su navaja para indicar cuántas hogazas se había llevado.

Como puede verse, ¡no hacen falta bancos para tener cuentas de crédito y cuentas corrientes!